CARTOGRAFÍA EMOCIONAL
ALBA BAILERA FRANCO
CUANDO NACIO ALBA
Cuando nació Alba
Alba fue una hija muy deseada.
Con 21 años decidimos tener nuestro segundo hijo. Hacía muy poco tiempo que Alejandro había llegado a nuestras vidas, pero yo tenía claro que no quería tener un solo hijo. Me quedé embarazada mientras todavía estaba dando el pecho a Alejandro. Cuando fui al ginecólogo ya estaba de cinco meses. El médico me dijo que no podía ser, porque estaba amamantando a mi hijo. Pero al palparme el vientre comprendió que yo tenía razón.
Fue un embarazo rápido, casi sin darme cuenta del paso del tiempo. Sin embargo, no sé por qué, tenía más miedo que durante el embarazo de Alejandro. Tenía miedo de que algo pudiera salir mal.
Alba nació el 31 de diciembre de 1985, el último día del año. Igual que su hermano, no tenía demasiadas ganas de nacer y el embarazo se prolongó más de lo esperado. Finalmente se decidió inducir el parto.
Nació a las cuatro de la tarde, en Barcelona, en el Hospital de la Alianza.
Era una niña grande: pesó 4.200 gramos y midió 53 centímetros. Llegó al mundo con muchas ganas de hacerse escuchar. Tenía un llanto intenso. Lloraba y lloraba y yo pensaba que estaba enfadada por haber tenido que salir de mi vientre. Fue creciendo como una niña activa, alegre, inteligente y sensible. Aprendió a hablar muy pronto y siempre ha sido muy «parlachina». Tenía mucho que decir y desde pequeña mostraba una personalidad muy marcada.
Siempre me ha dado mucha alegría y, como madre, me he sentido orgullosa de ella.
Alba también ha sido rebelde. Durante una época le costaba centrarse y terminar sus estudios de bachillerato. Empezó a trabajar siendo muy joven y compaginaba el trabajo con los estudios. Su vida no ha sido un camino recto ni sencillo, pero siempre ha seguido avanzando.
Se enamoró, construyó una relación que duró veinticinco años y formó una familia. Durante ese tiempo también fue creciendo como mujer, buscando su lugar y aprendiendo a reconocer aquello que quería para su vida. Este año pasado decidió poner fin a esa relación.
Alba es hoy , sobre todo, de su propio trabajo como mujer.
- De aprender.
- De equivocarse.
- De trabajar.
- De estudiar.
- De afrontar sus dificultades.
- De tomar decisiones.
Y también de aprender a valorar lo que necesita para sentirse querida, acompañada y respetada. Después de veinticinco años entendió que una relación no podía sostenerse solamente por el tiempo compartido. También necesitaba compartir ilusiones, estar presente en los momentos importantes y sentirse valorada.
Y tuvo la valentía de tomar una decisión difícil.
Como madre e hija hemos discutido. Alba se fue pronto de casa y hemos tenido nuestras diferencias, pero siempre he respetado su criterio y su manera de entender la vida. Nunca he querido que fuera una prolongación de mí. He querido que fuera ella.
Hoy la veo como una mujer independiente, trabajadora, con las ideas claras y capaz de tomar sus propias decisiones.
También es madre. Y verla con su hijo me produce una sensación difícil de explicar. Hay cosas de ella que reconozco en él: su inteligencia, su carácter, esa energía que ya tenía desde niña. La vida vuelve a pasar de una generación a otra. Y quizá eso es una de las cosas que más me conmueve de ser madre: primero ves crecer a tus hijos y después descubres que ellos también están construyendo su propia historia.
Alba afronta su vida con valentía. Tiene paciencia, alegría y una energía que irradia y que hace bien a quienes están cerca de ella.
Después de tantos años, lo que más me importa no es que haya seguido el camino que yo hubiera elegido para ella. Es que haya encontrado el suyo.
Y me siento profundamente orgullosa de la mujer en la que se ha convertido.
Te quiero, Alba.
