CARTOGRAFÍA EMOCIONAL

Detrás de la lente: la luz que observa desde al margen

Entre el polvo

Hay espacios en los que el tiempo no pasa, sino que se acumula

En la penumbra de un sótano, bajo capas de polvo y recuerdos abandonados, descansa una vieja mesa de trabajo de madera. Sus grietas e imperfecciones hablan de proyectos terminados y de otros dejados a la mitad. Pero entre la multitud de objetos arrinconados en la sombra, hay algo que captura la atención de inmediato: una bombilla suspendida de un cable, sujeta por un teniente de apriete al borde de la mesa.


A primera vista, es solo un rincón olvidado. Sin embargo, al encenderse, esa humilde bombilla transforma la atmósfera. Crea una visibilidad casi sagrada en medio de un espacio que está paradójicamente vacío y, a la vez, lleno de cosas que la memoria decidió relegar.


Ser la luz que revela

Al encuadrar la escena y apretar el disparador, me doy cuenta de algo: yo soy como esa bombilla.


Como fotógrafo, mi función es hacer exactamente lo mismo que ese punto de luz: enfocar lo importante, otorgarle presencia a lo que la oscuridad o el desinterés pretenden borrar, dar visibilidad a lo que permanece en la sombra. Somos elementos necesarios; sin la luz —o sin la mirada que encuadra— la escena no existe para los demás.


Pero hay un coste en esa tarea. La bombilla está allí para cumplir una función fundamental, pero está sujeta, estática, rodeada de polvo y al margen.


Al lado del flujo del mundo

Al fotografiar este rincón, no puedo evitar sentir esa misma desconexión. Te conviertes en un observador necesario, pero te quedas al lado. Estás fuera del flujo constante y apresurado de la sociedad; mientras el mundo avanza afuera a toda prisa, tú te quedas suspendido en la penumbra de un sótano, en la quietud de una imagen, integrado entre objetos que han dejado de importar pero que aún tienen una historia que contar.


Es una sensación extraña: ser indispensable para la creación de la escena, pero al mismo tiempo sentirse relegado, como si pertenecieras más a ese grupo de cosas olvidadas que a la vorágine del exterior.


La belleza de la resistencia

Esa luz sobre la madera gastada no busca iluminar todo el sótano, solo reclama su propio espacio. Y tal vez en eso consiste también el acto de fotografiar desde la pausa: no en correr con el resto del mundo, sino en tener la calma para detenerse en el olvido, sujetarse a la mesa y ofrecer un destello de verdad, incluso cuando sientas que te has quedado fuera del mapa.