CARTOGRAFÍA EMOCIONAL

De mi archivo al archivo de

Arquitectura Catalana

De mi archivo al archivo de Arquitectura Catalana

Fotografiar la arquitectura para dejar memoria


Hay edificios que fotografío porque forman parte de mi historia personal y profesional. Otros porque forman parte de la historia de una ciudad.


El Edificio de Correos y Telégrafos de Barcelona reúne ambas cosas.


Durante años he recorrido sus espacios con la cámara. He fotografiado su arquitectura, pero también aquello que sucede dentro de ella: los recorridos, los espacios de trabajo, las estructuras, los detalles y las huellas que el uso cotidiano ha ido dejando.


Mi relación con estos edificios comenzó hace muchos años y se convirtió finalmente en un proyecto de largo recorrido: Valores Declarados.


Por eso tiene un significado especial que parte de este trabajo haya llegado también a arquitecturacatalana.cat, el proyecto digital promovido por el Col·legi d'Arquitectes de Catalunya (COAC).


La plataforma tiene como objetivo hacer más accesible la arquitectura catalana tanto a los profesionales como a la ciudadanía, construyendo progresivamente un fondo documental sobre la arquitectura moderna y contemporánea. El proyecto explica además que una parte importante de este fondo procede de la generosidad de estudios de arquitectura y fotografía. 


Hoy mi nombre aparece incorporado a su directorio de fotógrafos y mi trabajo está vinculado a dos reportajes sobre edificios de Correos: Edifici de Correus, asociado a los arquitectos Josep Goday i Casals y Jaume Torres i Grau, y Ampliació de l'Edifici de Correus, de Robert Oms Gràcia. 


Son imágenes que nacieron de mi trabajo personal y que ahora pueden ser consultadas dentro de un fondo especializado en arquitectura.


Y esto me hace pensar en algo que atraviesa buena parte de mi manera de fotografiar.


No me interesa la arquitectura únicamente como objeto.


Me interesa como territorio vivido.


Un edificio habla de quienes lo proyectaron, pero también de quienes lo construyeron, de quienes trabajaron en él, de quienes lo recorrieron durante décadas y de quienes hoy todavía lo utilizan o lo recuerdan.


Por eso mi mirada sobre Correos nunca ha sido solamente arquitectónica.


Ha sido también una mirada sobre la memoria, el trabajo, la comunicación y las personas.

Fotografiar un edificio es, en cierto modo, detener un tiempo que continúa transformándose.

Las fachadas cambian. Los interiores se reforman. Los usos desaparecen. Las personas se jubilan. Los espacios se transforman.


La fotografía queda.


Y cuando esa fotografía entra en un archivo especializado, adquiere una nueva dimensión: deja de ser únicamente parte de mi archivo personal y pasa a contribuir a una memoria documental compartida.

Me interesa especialmente ese recorrido:


fotografiar → documentar → conservar → compartir.


Porque creo que la fotografía puede desempeñar un papel fundamental en la conservación del patrimonio.


No solo mostrando cómo era un edificio.


También dejando constancia de cómo fue vivido.


Y quizá esa sea una de las razones por las que continúo fotografiando los edificios de Correos.



Porque mientras los edificios cambian, la fotografía puede conservar aquello que el tiempo transforma.

Puente de unión de los edificos de Correos de Barcelona
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