CARTOGRAFÍA EMOCIONAL
MIRADAS CRUZADAS
Cuando lo inesperado encuentra la verdad
Hay fotografías que salgo a buscar.
Y hay otras que aparecen.
Cuando camino por una ciudad con la cámara, muchas veces mi mirada está puesta en el espacio: una fachada, una puerta, una pared, una luz, una composición que me llama la atención.
Entonces alguien cruza delante de la cámara.
No era el motivo de la fotografía.
Simplemente estaba allí.
A veces la persona continúa caminando sin reparar en mí. Otras veces sucede algo diferente: me mira.
Y en ese instante se produce un pequeño encuentro.
Una mirada que no estaba prevista. Un gesto que no había buscado. Una presencia que irrumpe en mi encuadre y modifica completamente aquello que estaba observando.
La cámara dispara.
Y lo que queda ya no es solamente la fotografía de un espacio.
Es la huella de un encuentro entre dos miradas.
Me interesa especialmente ese instante porque no puedo controlarlo. No he elegido a la persona, ni su gesto, ni el momento exacto en que cruza mi plano.
La fotografía sucede.
Y quizá precisamente por eso contiene algo verdadero.
En estas imágenes no busco construir un retrato del personaje. Mi interés inicial estaba en el lugar, en la arquitectura, en la calle, en aquello que tenía delante.
Pero cuando alguien entra en el encuadre y me devuelve la mirada, aparece una historia diferente.
Por un instante, él me ve mientras yo lo estoy viendo.
La cámara se convierte entonces en un espacio de relación.
Hay algo desafiante en algunas de esas miradas. Otras son indiferentes, curiosas, sorprendidas. Pero todas tienen algo en común: no estaban previstas.
Y es precisamente lo no buscado lo que puede convertir una imagen en algo especial.
Quizá la fotografía documental también sea eso:
estar preparada para que ocurra aquello que no estabas buscando.
Porque a veces una fotografía nace de un accidente.
Y en ese accidente aparece una gran verdad.
Miradas cruzadas
De lo inesperado nace, a veces, la imagen que más se parece a la verdad.
