CARTOGRAFÍA EMOCIONAL
Una fotografía entra en la
colección de la Reial Acadèmia
Fotografía incorporada a la colección de la Reial Acadèmia Catalana de Belles Arts de Sant Jordi en 2025. Forma parte de Valores Declarados 2007–2024.
De la exposición a la memoria: una fotografía de Valores Declarados en la Reial Acadèmia
Hay fotografías que nacen para formar parte de un proyecto y que, con el tiempo, encuentran una nueva vida.
El 12 de diciembre de 2025, durante la presentación de mi fotolibro Valores Declarados 2007–2024, doné a la Reial Acadèmia Catalana de Belles Arts de Sant Jordi una de las fotografías que forman parte de este trabajo: Taquillas en el puente de la quinta.
La imagen fue tomada en el puente de la quinta planta del edificio de Cartería de Correos y Telégrafos de Barcelona. Es una fotografía que pertenece a una investigación que comenzó mucho antes de que imaginara que algún día se convertiría en un libro.
Fotografié estos espacios durante años, observando aquello que normalmente no aparece en las imágenes oficiales de un edificio: los lugares de trabajo, los recorridos, las estructuras, las huellas del uso y los pequeños detalles que construyen su memoria.
La fotografía fue realizada el 30 de enero de 2010 y posteriormente impresa en 2016. Formó parte de diferentes exposiciones, entre ellas la exposición en la Oficina Principal de Correos-Cibeles de Madrid en 2016, Espacios en su tiempo en el Centre Cívic Pati Llimona en 2018 y Espais en el seu temps en el propio edificio de Correos y Telégrafos de Barcelona en 2024.
Ahora aquella imagen ha dejado de pertenecer únicamente a mi archivo.
Forma parte de la colección de la Reial Acadèmia Catalana de Belles Arts de Sant Jordi, donde ha sido incorporada con el número de inventario 11083 F. La propia institución recoge su procedencia como donación de la autora y señala que la fotografía aparece reproducida en la página 134 de Valores Declarados.
Para mí, este gesto tiene un significado especial.
Porque donar una fotografía es también decidir qué queremos que permanezca.
Durante años he fotografiado el edificio de Correos intentando conservar una memoria que no está solamente en su fachada. Está en sus espacios interiores, en quienes los habitaron, en las formas de trabajar, en los objetos y en las marcas que deja el paso del tiempo.
Una fotografía puede ser una imagen.
Pero también puede convertirse en documento, memoria y patrimonio.
Por eso me emociona que una imagen nacida de mi mirada sobre un edificio de Correos forme ahora parte de una institución dedicada a conservar y difundir la memoria artística.
Quizá ese sea uno de los recorridos más interesantes de la fotografía documental:
primero mirar, después fotografiar, luego conservar y finalmente compartir.
La imagen continúa su camino.
Ya no solo como parte de mi historia, sino como parte de una memoria colectiva.


