YO Y MI MIRADA
Rosa Franco Mendoza
CARTOGRAFÍA EMOCIONAL






LO QUE NO SE VE

LO QUE NO SE VE
Hay una frontera casi invisible entre ser hija y convertirse en cuidadora.
Una frontera que aparece poco a poco, casi sin que nadie la nombre: entre cuidar y controlar, entre acompañar y decidir por el otro, entre proteger y limitar su autonomía. Entre estar presente para alguien y comenzar, sin darte cuenta, a desaparecer tú misma.
Cuidar también significa convivir con sentimientos que pocas veces se dicen en voz alta: el amor y el cansancio, la ternura y la impotencia, la paciencia y la frustración. A veces incluso el rechazo o el deseo de escapar. Sentimientos que no contradicen el amor, pero que forman parte de una realidad mucho más compleja de lo que habitualmente mostramos.
Lo que no se ve nace de esa experiencia y de la relación entre una madre y una hija cuando los roles comienzan a transformarse.
Lo visible puede ser una cama, una mano, una lámpara, una habitación, una comida, una silla o una rutina cotidiana. Pero alrededor de esos gestos sucede algo mucho más profundo: una mujer envejece, una hija asume responsabilidades que antes no tenía y una relación construida durante toda una vida comienza a adquirir nuevas formas.
Mi madre continúa habitando los espacios que han formado parte de su vida. Su cama, su casa, sus objetos y sus gestos cotidianos contienen una memoria que permanece mientras el tiempo transforma su cuerpo y su manera de relacionarse con el mundo.
También existe otra mujer: la que fue.
La fotografía de archivo la devuelve a otro momento de su vida. Una mujer joven, sentada frente al mar, con su propio cuerpo, su energía y su libertad. Esa imagen no pertenece solamente al pasado. Forma parte de la mujer que sigue estando aquí, aunque ahora la percibamos de otra manera.
Entre aquellas imágenes y las actuales existe una continuidad que no siempre es visible.
Este proyecto no pretende explicar una enfermedad ni mostrar la dependencia desde la distancia. Tampoco busca construir una imagen sentimental de la vejez. Quiere detenerse en aquello que sucede alrededor del cuidado: en los pequeños gestos, en la intimidad doméstica, en la memoria, en los cambios del cuerpo y, sobre todo, en la transformación silenciosa de una relación.
Porque mientras una persona necesita ser cuidada, quien cuida también cambia.

Lo que no se ve habla de ese hilo tan fino que une a una madre y una hija cuando los papeles comienzan a invertirse. De lo que permanece y de lo que desaparece. De la memoria que una conserva mientras la otra intenta sostenerla.
Y, finalmente, de aquello que queda fuera de la mirada cuando hablamos del cuidado: la persona que cuida.































