CARTOGRAFÍA EMOCIONAL

DISCURSO


F

La fotografía como necesidad

Si tuviera que definir cuál fue el motivo que me llevó a ser fotógrafa, no podría señalar un único momento.

Fue más bien el descubrimiento progresivo de que la imagen podía convertirse en mi manera de observar, comprender y narrar mi propia experiencia.

La fotografía apareció como una herramienta para investigar mi entorno social, laboral, personal y arquitectónico. La cámara se convirtió en un instrumento para mirar con mayor atención aquello que me rodeaba y, al mismo tiempo, para intentar comprender lo que sucedía dentro de mí.

Fotografiar mi día a día, los lugares por los que paso, las personas, los edificios y los pequeños acontecimientos cotidianos se convirtió poco a poco en una forma de pensamiento.

La cámara es, para mí, una herramienta para entender y explicar.


Una imagen que permanece

Hay una imagen que permanece especialmente en mi memoria.

Es un autorretrato en el que aparezco reflejada en un cristal. En la misma imagen aparece mi exmarido, Salvatore, y, alrededor de nosotros, estructuras de construcción, una persiana y las obras de la Plaza Monumental.

Siempre he sentido una relación muy profunda con la arquitectura.

Desde niña, mi mirada se ha perdido en lo urbano: en las calles, los edificios, las estructuras, las ventanas, las fachadas y los espacios que habitamos.

Aquella imagen reúne, sin que yo lo hubiera planteado necesariamente de manera consciente, diferentes elementos que han terminado formando parte de mi manera de mirar: el cuerpo, la arquitectura, la intimidad, el territorio y la transformación.

Por eso sigue estando en mi memoria.


Lo que veo y lo que siente quien mira

Mi mirada siempre vuelve a la ciudad y a sus arquitecturas.

Pero detrás de lo que fotografío existe también una dimensión más íntima, incluso existencial, que no necesariamente tiene que ser visible para quien observa la imagen.

Una fotografía puede contener algo que pertenece exclusivamente a quien la realiza y, al mismo tiempo, provocar algo completamente diferente en quien la contempla.

Y eso es precisamente lo que me interesa.

El diálogo entre lo que yo veo y lo que el otro encuentra.

No necesito que el espectador vea exactamente lo mismo que yo.

Me interesa que la imagen le permita construir su propia experiencia.


El descubrimiento de la fotografía

El comienzo fue muy sutil.

Mi hija estudiaba bachillerato y realizó un trabajo sobre Chema Madoz. A través de sus imágenes descubrí una manera de mirar los objetos que hasta entonces no había experimentado de aquella forma.

Un objeto podía abandonar su función cotidiana y convertirse en poesía, en reflexión, en metáfora o incluso en sensualidad.

Aquello despertó mi curiosidad.

También descubrí la obra de Robert Mapplethorpe, cuya fotografía me produjo una impresión muy profunda. Algunas de sus imágenes, especialmente sus bodegones y retratos masculinos, permanecen todavía en mi memoria visual.

Mi hija, sin saberlo, abrió una puerta.

Y aquella puerta me llevó a volver a estudiar, a recuperar inquietudes intelectuales que estaban dentro de mí y a descubrir que todavía tenía mucho que aprender.

Ella fue también quien me animó a continuar explorando ese mundo.



Fotografiar con o sin cámara

Con el tiempo comprendí que la fotografía no dependía únicamente de tener una cámara en las manos.

Siempre disparo, con o sin cámara.

Hay imágenes que registro mentalmente mientras camino, mientras observo una escena, una fachada, una sombra, una persona o una combinación de elementos que quizá desaparezca segundos después.

Algunas de esas imágenes nunca llegan a convertirse en fotografías.

Pero permanecen en mi memoria.

La cámara simplemente me permite trasladar algunas de ellas a otro soporte.

Por eso entiendo la fotografía como una forma de atención permanente.


Una herramienta vital

Cuando una fotografía nace de la pasión, creo que puede transmitir una narración visual que va más allá de aquello que representa.

Puede transmitir sensaciones.

Puede contener una emoción.

Puede conservar un instante.

Puede abrir una pregunta.

Para mí, fotografiar se ha convertido en una forma de expresar aquello que a veces resulta difícil explicar con palabras.

Es una herramienta para investigar mi entorno, pero también para conocerme.

Una forma de detener aquello que pasa demasiado rápido.

Una manera de conservar lo que temo perder.

Y también una forma de sobrevivir a aquello que necesito expresar.


El sentido de mi vida

Hoy entiendo la fotografía como mucho más que una profesión.

Es una forma de estar atenta al mundo.

De mirar.

De pensar.

De recordar.

De comprender.

De narrar.

La fotografía me permite convertir una experiencia en imagen y una imagen en pregunta.

Por eso, cuando intento explicar qué significa para mí fotografiar, vuelvo siempre a la misma idea:


La fotografía es mi herramienta vital.

No siempre sé de antemano qué estoy buscando.

Pero sé que necesito mirar.



Es el sentido de mi vida