CARTOGRAFÍA EMOCIONAL
PENSAMIENTOS DE ENSUEÑO
PENSAMIENTOS DE ENSUEÑO
LOS SUEÑOS
En momentos concretos tienes la sensación de que aquello ya lo has vivido. En otros, las vivencias parecen hacerse reales cuando las has soñado. La memoria no siempre consigue separar lo que fue un sueño de lo que realmente sucedió y, en ocasiones, lo almacena como un hecho vivido.
Otras veces vivimos experiencias de las que decimos: «es un sueño hecho realidad».
Existen muchas líneas sutiles en nuestra mente que nos hacen preguntarnos si nos encontramos ante diferentes planos paralelos que se cruzan, se mezclan y se transforman.
¿Qué es cierto y qué no lo es?
PENSAR EN EL SUEÑO
Descartes plantea, a través de la duda sobre los sueños, una cuestión fundamental: mientras soñamos vivimos experiencias que guardan cierto parecido con las experiencias de la vida ordinaria y, sin embargo, no existe nada en la realidad que corresponda exactamente a aquello que estamos viviendo.
A primera vista parece que podemos distinguir si estamos soñando o no. Sin embargo, cuando recordamos el pasado, la memoria no siempre parece tener una frontera tan clara entre los sueños y los encuentros con la realidad.
Somos, de alguna manera, navegantes que reconstruyen continuamente su propia experiencia mientras atraviesan la vida.
Estas reflexiones sobre el sueño aparecen también recogidas en Pensar una iniciativa a la filosofía, de Simon Blackburn.
Platón intenta hacer explícito cómo el sueño puede sumergir al individuo en un estado de opinión irreflexiva, como aparece planteado en La República. Los sueños pueden provocar una falsa apariencia: hacernos creer que nuestras ilusiones son verdaderas y ocultar que nuestras ideas pueden ser confusas y nuestras impresiones, vagas.
MIS SUEÑOS
En este momento me encuentro en una época de sueños en los que se cruzan diferentes personas de mi vida: amigos, compañeros, personas conocidas.
Siempre estoy trabajando en diferentes espacios. Son lugares amplios, con pasillos largos, recodos y muchas personas. Hay clientes y compañeros jóvenes.
Huyo de la presión de vender determinados productos que quieren imponerme, pero no consigo encontrar la salida.
En otros sueños aparecen casas enormes, con muchas escaleras, oscuras y antiguas. Tienen extensiones de tierra, bosques y lugares que parecen no tener fin. Allí se encuentra mi familia: primos, tíos, niños.
Las casas están desordenadas y tengo una sensación constante de agotamiento. Estoy cuidando de todos, intentando que nadie se enfade, procurando mantener un orden que nunca llega.
Cambiar de casa también aparece repetidamente en mis sueños. Son siempre lugares sin luz natural, tenebrosos. Se escuchan voces altas y conversaciones que no tienen sentido. Todo está revuelto.
ES CAOS
Me despierto con dolor en el corazón y con recuerdos de muchas personas que ya no están conmigo.
Entonces me pregunto por qué estoy teniendo sueños tan intensos, sueños que no hacen que me levante contenta ni descansada.
Existe un peso en todo lo que veo.
Y, sin embargo, lo veo en color.
Muchas personas de mi entorno me cuentan que sueñan en blanco y negro. Yo sueño en color.
Son colores apagados, normalmente oscuros, pero siguen siendo colores.
Quizás esa diferencia también tenga algo que ver con mi manera de mirar.
SOMOS PARTE DE LOS QUE SOÑAMOS
Quizás los sueños no sean solamente un lugar al que llegamos cuando cerramos los ojos. Quizás sean también una parte de nosotros que continúa viviendo cuando estamos despiertos.
Con el tiempo he comprendido que aquello que sueño forma parte de mi manera de mirar. Las persecuciones, los lugares de los que intento salir, las casas, los pasillos, las escaleras, el agua, la oscuridad y las personas que aparecen y desaparecen no son solamente imágenes de una noche.
Son fragmentos de mi memoria, de mis miedos, de mis deseos y de aquello que todavía estoy intentando comprender.
En mis sueños casi nunca encuentro una oscuridad completamente negra. Incluso en los lugares sin luz aparecen colores. Colores apagados, profundos, difíciles a veces de nombrar.
Y quizá ahí esté también mi manera de mirar como fotógrafa: buscar algo de luz incluso dentro de aquello que parece oscuro.
No sé si soñamos para recordar, para protegernos, para huir o para encontrarnos. Tampoco sé dónde termina la realidad y dónde comienza el sueño.
Pero cada vez pienso más que esa frontera no es tan importante.
Somos parte de lo que soñamos.
Somos también esos lugares que recorremos mientras dormimos, las personas que encontramos, las que perdimos, aquello que perseguimos y aquello de lo que intentamos escapar.
Cuando despertamos, el sueño desaparece poco a poco, pero algo permanece: una sensación, una imagen, un color, una emoción.
Como sucede con la fotografía.
La imagen permanece cuando el instante ya ha desaparecido.
