CARTOGRAFÍA EMOCIONAL

LA EMANCIPACIÓN QUE QUEDA FUERA

¿QUIÉN SE EMANCIPA? ¿Qué significa emanciparse hoy?


La palabra emancipación parece haber adquirido nuevos significados.


Durante mucho tiempo hablamos de emancipación para referirnos a la conquista de derechos, a la libertad individual, a la ruptura con determinadas estructuras sociales, económicas o familiares. Emanciparse significaba poder decidir sobre la propia vida, tener autonomía, acceder a la educación, al trabajo, a una vivienda, a una identidad propia.


Pero ¿qué significa emanciparse cuando seguimos viviendo en una sociedad atravesada por las desigualdades?


¿Quién puede realmente emanciparse?

¿Quién tiene las condiciones para hacerlo?

¿Quién puede dedicar tiempo a crear, a estudiar, a investigar, a construir una trayectoria?

¿Y quién queda fuera de ese relato?


Estas preguntas me han acompañado esta tarde al visitar Emancipaciones. Colección Foto Colectania, una exposición que propone precisamente una lectura sobre dos procesos de emancipación: el de la sociedad española hacia la modernidad y el de la propia fotografía, que fue dejando atrás su función principalmente informativa para convertirse en un medio autónomo de creación y de arte contemporáneo.


Y mientras recorría la exposición pensaba que toda emancipación tiene también un reverso.

Porque para poder emanciparse hacen falta condiciones.


Tiempo.

Educación.

Recursos.

Redes.

Oportunidades.

Un lugar desde el que poder hablar.

Y también alguien que te vea.


¿Quién puede ocupar un lugar?

Pienso especialmente en las mujeres.

En las mujeres que trabajaron mientras cuidaban.

En las que sostuvieron familias.

En las que llegaron tarde a estudiar.

En las que tuvieron que elegir entre responsabilidades y proyectos personales.

En las que hicieron fotografías, escribieron, investigaron o crearon sin disponer del tiempo, del dinero o de las estructuras que permitieran convertir aquello que hacían en una trayectoria reconocida.


La emancipación no ha sido igual para todas.

Y quizá todavía no lo sea.


Esta tarde he ido a la inauguración con mi madre, que tiene 87 años.

Mientras esperábamos para entrar, permanecimos fuera. Había personas esperando y también personas con acceso VIP y mecenas.

A mi madre no se le ofreció un lugar donde sentarse.

Puede parecer un detalle pequeño.

Pero para mí no lo fue.


Porque la emancipación también debería hablar de cómo tratamos a las personas cuando envejecen.

De si seguimos considerándolas sujetos con derechos, con dignidad, con autonomía y con capacidad para ocupar un espacio.

Mi madre no necesitaba un privilegio.

Necesitaba consideración.

Un lugar donde sentarse mientras esperaba.


Y ese pequeño gesto que no ocurrió me hizo pensar que quizá la emancipación también se mide en cosas mucho más sencillas que los grandes discursos.


Se mide en cómo miramos al otro.

En cómo cuidamos.

En cómo acompañamos.

En cómo tratamos a quien tiene más dificultades para sostenerse por sí mismo.


Mi propia emancipación

Y entonces inevitablemente pensé en mí.

Yo tampoco llegué a la fotografía desde un lugar fácil.

Llegué después de muchos años de trabajo, de responsabilidades, de experiencias personales y familiares. Volví a estudiar siendo adulta y fui construyendo poco a poco una mirada propia.

Durante dieciocho años he fotografiado un mismo edificio.

He construido un archivo.

He investigado.

He seleccionado.

He editado.

He publicado un libro.

He expuesto.

Y sigo intentando encontrar mi lugar.

Por eso, al recorrer una exposición como esta, también me pregunto qué significa emanciparse dentro del mundo del arte.


¿Es suficiente con tener una mirada?

¿Es suficiente con trabajar durante años?

¿Es suficiente con construir una obra?

¿Qué hace que una fotografía entre en una colección y otra no?

¿Qué hace que un artista sea incorporado a la historia de la fotografía y otro permanezca fuera de ella?

¿Es solamente la calidad?


Sé que no.

También están las instituciones.

Las colecciones.

Los comisarios.

Las galerías.

Las relaciones.

Los recursos económicos.

Las redes profesionales.

Las oportunidades.

El momento histórico.

Y, sobre todo, la posibilidad de que alguien encuentre tu trabajo, lo mire y decida que merece formar parte de una historia.

Eso también construye el relato de la fotografía.


Lo que queda fuera

Quizá por eso hoy la palabra emancipación me resulta más compleja.

Porque podemos hablar de libertad y, al mismo tiempo, seguir dejando personas fuera.

Podemos hablar de transformación social y seguir sin preguntarnos quién pudo beneficiarse realmente de ella.

Podemos hablar de la emancipación de la fotografía y no preguntarnos cuántas miradas quedaron fuera de las colecciones, de los museos, de los libros y de las instituciones.

Podemos hablar de igualdad y olvidar que no todas las personas parten del mismo lugar.

Y quizá por eso la presencia de mi madre esta tarde ha sido tan importante para mí.

Porque mientras yo miraba una exposición sobre emancipación, ella estaba allí, a mi lado, como parte de mi propia historia.

Una mujer de 87 años.

Una generación que vivió otras formas de dependencia, de trabajo, de cuidado y de silencios.

Una mujer que pertenece también a esa historia que queremos contar cuando hablamos de cómo ha cambiado nuestra sociedad.


Y pensé que quizá emanciparse no significa solamente liberarse de aquello que nos limita.

Quizá también significa no dejar atrás a quienes nos han acompañado hasta aquí.

No convertir la vejez en invisibilidad.

No considerar que una persona deja de importar porque necesita sentarse.

No olvidar que detrás de cada generación que avanza hay otras generaciones que sostuvieron, trabajaron, cuidaron y abrieron caminos.


Y la fotografía

Salí de la exposición con más preguntas que respuestas.

También con una pregunta que me acompaña desde hace tiempo:

¿Qué hace que una obra permanezca?

No sé si algún día mi trabajo estará en un museo.

No sé si alguien incorporará mi archivo a una colección.

No sé si las fotografías que he realizado durante estos años ocuparán algún día un lugar dentro de la historia de la fotografía.

Pero sí sé que durante dieciocho años he mirado un mismo edificio intentando conservar aquello que el tiempo transformaba.

He hecho mi trabajo.

He construido una memoria.

Y sigo haciéndolo.

Quizá mi propia emancipación no consista en conseguir entrar en un determinado lugar.

Quizá consista en poder seguir haciendo aquello que necesito hacer, aunque todavía haya puertas que no se hayan abierto.

Seguir mirando.

Seguir investigando.

Seguir fotografiando.

Seguir dejando constancia.

Y quizá algún día alguien encuentre ese archivo y entienda que aquí también hubo una mujer que trabajó, cuidó, estudió, volvió a empezar y construyó una obra desde un lugar que no siempre tuvo las mismas condiciones que otros.

Entonces quizá podamos hablar de emancipación de otra manera.

No solo de quienes consiguieron entrar.


También de quienes, durante años, siguieron llamando a la puerta sin dejar de construir su propia historia.