YO Y MI MIRADA
Rosa Franco Mendoza
CARTOGRAFÍA EMOCIONAL
PALACIO DE CORREOS Y TELÉGRAFOS BILBAO 2016

El edificio de Correos de Bilbao, proyectado en 1927 por Secundino Zuazo en la Alameda de Urquijo, se levanta en un momento en el que la arquitectura buscaba todavía un equilibrio entre lo heredado y lo que estaba por venir.
Su implantación no es casual: se adapta con precisión a la curvatura de la calle, como si entendiera que la ciudad no es una imposición, sino un diálogo. La simetría de su planta y de su fachada ordena el conjunto, pero no lo rigidiza; hay en ella una voluntad de permanencia, de estabilidad.
El ladrillo domina la composición. No es solo material: es lenguaje. Zuazo lo trabaja con un dominio casi silencioso, construyendo una fachada que actúa como una piel continua, pesada, que protege y contiene. Sobre el zócalo de piedra caliza, el edificio se presenta firme, casi institucional, como correspondía a un lugar donde transitaba la comunicación de toda una sociedad.
El acceso, enmarcado por un motivo de raíz historista, introduce una referencia directa a la tradición, mientras que el gran alero sobreelevado —apoyado sobre un paño blanco— remata el conjunto con un gesto que recuerda a la arquitectura doméstica española, a la casa grande, a lo conocido.
Pero ahí es donde ocurre algo interesante.
Este edificio no es solo un ejercicio de estilo. Es una tensión constante entre pasado y modernidad. Mientras Europa miraba hacia nuevas formas —especialmente en la arquitectura holandesa de la época—, Zuazo construye aquí una posición intermedia: no rompe, pero tampoco repite.









































